La apuesta de Pascal

Blaise Pascal fue un gran pensador francés del siglo XVII. Sus aportes a la estadística y a la física de fluidos siguen estando presentes al pie de la letra en los colegios e institutos de nuestro siglo. Pascal fue también un hombre muy creyente y no tenía problema en mezclar la ciencia y la religión. Con 17 años planteó lo siguiente:

Si crees en Dios y existe, serás recompensado con el cielo.
Si crees en Dios y no existe, no ganarás nada.
Si no crees en Dios y existe, no ganarás nada (purgatorio) o serás castigado con el infierno.
Si no crees en Dios y no existe, ni pierdes ni ganas nada.

Estas premisas están sintetizadas en la siguiente tabla:


 Dios existe 
 Dios no existe 
Creer
+ ∞
- 0
 No creer 
- 0 ó - ∞
+ 0

En este razonamiento, si se cree en Dios y la probabilidad de la existencia de Dios es diferente a 0 (Dios existe) el beneficio es infinito y merece la pena la apuesta de creer y todo lo que conlleve ya que ese coste será siempre finito. Pascal demuestra matemáticamente con esto que merece la pena creer, pero el razonamiento está quizás demasiado simplificado.

Para empezar, si uno es ateo, y por tanto niega la existencia de cualquier dios, la primera columna carece de sentido. Este argumento sólo podría convencer a un agnóstico, pero los agnósticos también pueden encontrarle lagunas al asunto.

Aunque a lo largo de historia de la humanidad las diferentes culturas han adorado a cientos de dioses diferentes, en este razonamiento sólo se contempla a un único dios. Evidentemente Pascal se está refiriendo al dios judeocristiano, en el que él ya creía, pero si somos justos cualquier dios es igual de probable. ¿Existen quizás varios dioses a la vez? ¿La recompensa por creer en un dios equivocado sería la misma que por creer en el dios correcto?

Otro elemento importante a nivel teológico es imaginar cómo se tomaría ese dios que puede decidir en tu destino que hayas escogido la opción por el simple hecho de ser la que más te beneficia. Incluso si has creído en él por otros motivos, el simple hecho de creer no debe ser condición suficiente para que se te abran las puertas del cielo. El resto de condiciones necesarias van incluidas en el coste de creer pero ¿y si no las conoces? Quizás sea imposible convencer a Dios para que te deje pasar. Es más, quizás el infinito no existe.


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