El instinto

La expresión "instinto animal" siempre me ha parecido inadecuada. Se define al instinto como el conjunto de pautas de reacción innatas que, en los seres vivos, contribuyen a la conservación de la vida del individuo y de la especie. Las acciones "más naturales" que cualquier criatura viva toma y que, en el caso del ser humano, van más allá de su racionalidad como especie.

La definición es realmente ambigua. Sabemos que las plantas crecen hacia la luz, que los termiteros africanos son una maravilla a nivel arquitectónico, que los animales pueden luchar hasta la muerte para proteger a sus crías, pero es que incluso los virus, categorizados como no vida, como cualquier forma parásita, intentan de modo aparentemente inteligente de sobrevivir a su huésped. Dentro de organismos complejos como los mamíferos, existe una regulación perfecta de la actividad celular, por ejemplo a la hora de tratar con organismos patógenos o para mantener el conjunto plenamente nutrido. Por muy poco ética que la vida pueda resultarnos a veces, la prueba de su efectividad es su propia existencia.

Estos instintos no pueden ser aprendidos, si bien pueden ser manipulados en ciertos casos, es evidente que el ciclo vital de las abejas es demasiado corto (unas cinco semanas) para que aprendan a hacer una colmena en ese tiempo; o que es completamente imposible que un ser acelular como el virus aprenda absolutamente nada. La componente es por tanto genética y ha sido moldeada por millones de años por la evolución.

¿Qué pasa con nosotros los humanos? En primer lugar somos animales y seguimos siendo vehículos de ese instinto. Nosotros evitamos en la medida de lo posible el dolor y perseguimos el placer SIEMPRE, por muy retorcidas que sean nuestras apetencias. Pero a diferencia de los demás animales, sentimos que nacemos indeterminados, queremos encontrar una realidad que nos diferencie del nacer, reproducirse y morir.

Para mí no existe esa diferencia. Igual que el león tiene sus garras y la araña sus trampas de seda, nosotros tenemos nuestra cultura como herramienta de supervivencia. Seguramente la mejor que pudiera existir ya que evoluciona millones y millones de veces más rápido que nuestra biología. Pero eso no nos hace mejores, ya que seguimos siendo esclavos de nuestro instinto animal al que vencemos sólo en contadas ocasiones.


El karma

Explicar el significado profundo del karma sería demasiado largo e innecesario. Para simplificar las cosas lo trataremos como una "justicia cósmica" que beneficia a quienes realizan, dicen o piensan cosas positivas y castiga a quienes realizan, dicen o piensan cosas negativas. La causa y el efecto pueden ser más o menos cercanos en el tiempo e incluso algunas religiones que creen en la reencarnación afirman que trascienden de una forma vital a otra.

Es una idea que se adapta muy bien a las necesidades transcendentales de los seres humanos puesto que valora las acciones terrenales y da la seguridad de que premiará a los buenos y castigará a los malos. Anima a cada persona a mejorar para ser recompensada o no perjudicada por ello, ¡y en vida! De esta forma sale más rentable ser buena persona que mala.

Apartado completamente de cualquier filosofía vitalista y desde un punto completamente objetivo, quiero destacar que considero que sí existe cierta causalidad en esta "justicia". En el mundo tan complejo en el que vivimos cada cosa que hacemos tiene consecuencias, siendo la mayoría de ellas puramente azarosas. No podemos controlar esas casualidades pero sí podemos hacer que vengan a nosotros si vamos con una actitud activa por la vida. Por muy improbable que sea algo si nuestro mundo se amplía las posibilidades se amplían. El cómo interpretemos lo que nos pasa, eso sí depende enteramente de nuestra visión subjetiva.

En este punto entra ya la que considero que es una de las mayores fuentes de error de nuestra especie, el sesgo confirmatorio. El sesgo confirmatorio es un error cognitivo por el cual encontramos sólo la confirmación a nuestras creencias y pasamos por alto las contradicciones en nuestra experiencia personal, lo cual, al mismo tiempo, refuerza nuestras ideas. En resumidas cuentas, el karma aparece sólo cuando queremos verlo.

El karma funciona con la dualidad bueno/malo pero ¿qué es bueno y qué es malo? Eso lo decide cada persona y no depende de una idea fija, son conceptos flexibles según la situación y el momento. Si hacemos cosas buenas podemos conseguir que alguien nos aprecie más. ¿Qué buen karma, no? Pero es que esas mismas acciones pueden crearnos enemigos o hacer que ese aprecio se vuelva en dependencia. Esa "justicia cósmica" no es justicia, es sólo una visión optimista y parcial de las consecuencias, es una actitud no una ley universal.

El karma por tanto no puede ser Verdadero y, aunque no deja de ser una actitud positiva para la vida, no debería ser tomado como tal.

La apuesta de Pascal

Blaise Pascal fue un gran pensador francés del siglo XVII. Sus aportes a la estadística y a la física de fluidos siguen estando presentes al pie de la letra en los colegios e institutos de nuestro siglo. Pascal fue también un hombre muy creyente y no tenía problema en mezclar la ciencia y la religión. Con 17 años planteó lo siguiente:

Si crees en Dios y existe, serás recompensado con el cielo.
Si crees en Dios y no existe, no ganarás nada.
Si no crees en Dios y existe, no ganarás nada (purgatorio) o serás castigado con el infierno.
Si no crees en Dios y no existe, ni pierdes ni ganas nada.

Estas premisas están sintetizadas en la siguiente tabla:


 Dios existe 
 Dios no existe 
Creer
+ ∞
- 0
 No creer 
- 0 ó - ∞
+ 0

En este razonamiento, si se cree en Dios y la probabilidad de la existencia de Dios es diferente a 0 (Dios existe) el beneficio es infinito y merece la pena la apuesta de creer y todo lo que conlleve ya que ese coste será siempre finito. Pascal demuestra matemáticamente con esto que merece la pena creer, pero el razonamiento está quizás demasiado simplificado.

Para empezar, si uno es ateo, y por tanto niega la existencia de cualquier dios, la primera columna carece de sentido. Este argumento sólo podría convencer a un agnóstico, pero los agnósticos también pueden encontrarle lagunas al asunto.

Aunque a lo largo de historia de la humanidad las diferentes culturas han adorado a cientos de dioses diferentes, en este razonamiento sólo se contempla a un único dios. Evidentemente Pascal se está refiriendo al dios judeocristiano, en el que él ya creía, pero si somos justos cualquier dios es igual de probable. ¿Existen quizás varios dioses a la vez? ¿La recompensa por creer en un dios equivocado sería la misma que por creer en el dios correcto?

Otro elemento importante a nivel teológico es imaginar cómo se tomaría ese dios que puede decidir en tu destino que hayas escogido la opción por el simple hecho de ser la que más te beneficia. Incluso si has creído en él por otros motivos, el simple hecho de creer no debe ser condición suficiente para que se te abran las puertas del cielo. El resto de condiciones necesarias van incluidas en el coste de creer pero ¿y si no las conoces? Quizás sea imposible convencer a Dios para que te deje pasar. Es más, quizás el infinito no existe.


¿Hay algo que sea Verdadero?

Posiblemente no.

El concepto de Verdad (con mayúscula) ha sido muy discutido a lo largo de la historia. Fundamentalmente para que algo sea verdadero metafísicamente hablando debería ser objetivo e inherente en el espacio y el tiempo, es decir, algo que sea de una forma para cualquier observador, en cualquier escenario y que haya sido así y vaya a ser así toda la eternidad.

Esas características que buscamos sólo parecen estar integradas en la lógica y las matemáticas, y tal vez no en su plenitud. Realmente es imposible afirmar que 2+2 siempre vaya a ser 4. Por muy ridículo que parezca no podemos estar seguros de eso porque la eternidad (si es que existe) debería poder dar lugar a infinitos escenarios posibles. Quizás la Verdad no exista.

Afortunadamente no necesitamos a la Verdad para vivir, pero sí es imprescindible apoyarse en certezas o verdades con minúscula. El mundo es un lugar inseguro si uno no tiene de qué fiarse así que está en la propia naturaleza dar ciertas cosas por sentado. 

Incluso una semilla funciona con la certeza de que la gravedad indica la posición del suelo y proyecta sus raíces hacia ahí. Las semillas no piensan pero responden hacia realidades de su propio medio.

A nosotros nos pasa igual sólo que además añadimos la complejidad del pensamiento humano a la receta. Nuestra aparente necesidad de poder explicarlo todo nos conduce a errores cognitivos o falacias que muchas veces pueden ser negativas para nosotros y para los demás, aunque considero a veces pueden ser positivas.

La duda bien llevada es lo único que puede salvarnos de ese error y a superarnos, no sólo a nivel personal, sino como sociedad e incluso como especie. La duda es el motor de la tecnología y la ciencia y hace del desconocimiento una virtud.

El objetivo de este blog es precisamente fomentar esta herramienta y aplicarla a casos reales.